Hace unas semanas que no escribo en el blog aún cuando tenía unas ganas locas de contar qué me había parecido la película Ágora de Alejandro Amenábar.
Teniendo en cuenta las críticas generales sobre la película que había recibido hasta el momento en que la ví, tenía la percepción de que iba a ser una historia bastante “templada”. Es decir, ni mucho ni poco de nada en concreto. Por ese motivo esperé tanto para verla desde su estreno ya que así tendría la mente llena de menos “ruido”. Y surtió efecto, pues cuando acabé de verla tenía una idea bastante clara al respecto.
El resultado era que simplemente me encantó la película. Me gustó Rachel Weisz y el resto de los actores. También me gustó mucho la música y la dirección artística (tema este último que daría para un post muy largo aunque lamentablemente hoy no será el caso). Pero sobretodo me emocionó la historia que querían contar Alejandro Amenábar y Mateo Gil. Muchos hablan de si es una visión un poco maniquea a favor o en contra del cristianismo o limitan el debate a las consecuencias históricas de su ascensión y su hegemonía durante la Edad Media. Sin embargo, yo creo que esta historia va mucho más allá.
Hay un momento de la película en el que hablan los personajes de Hipatia (Rachel Weisz) y Orestes (Oscar Isaac). Ella le relata fascinada los descubrimientos que está haciendo en el campo de la astronomía y él enfurecido le reprocha que se preocupe de esos temas cuando en el exterior están sucediéndose enfrentamientos y asesinatos. En ese instante el espectador se hace (o debería) hacerse una pregunta: ¿no es acaso el mejor momento? A Hipatia no le preocupa qué religión hay por encima de otra o qué Dios es el verdadero. Escruta las estrellas buscando respuestas más allá de cuestiones físicas. Lo que la mueve es la búsqueda del conocimiento y la verdad, que no dependen de ninguna estatua ni ningún símbolo a los que adorar. Cuando todos se miran temerosos y airados, ella mira preocupada hacia la bóveda celeste… una gran mirada para definir todo un hermoso personaje.
En otra secuencia, en respuesta a los ruegos de otro de los personajes, el Obispo de Cirene Sinesio (Rupert Evans), para que Hipatia se convierta al cristianismo ante el peligro que corre su vida, ella afirma que del mismo modo que él no cuestiona aquello en lo que cree, ella debe hacerlo.
Me parece que con Ágora han rodado una buena película: a) sobre una mujer; b) sobre una filósofa; c) sobre el valor de cuestionar nuestro mundo. Y además, han contado una historia compliada con sencillez y cercanía. ¿Nadie se da cuenta de ese mérito?. Inevitablemente, me hace pensar que este mundo definitivamente hacen falta menos políticos y más filósofos. Enhorabuena por una historia para nada fácil y tan bien conseguida sobre los conflictos de los seres humanos y sobre los peligros y los milagros que causa la fe. Ojalá muchas historias terminasen mirándonos desde el Universo para que desde lo alto nos recordasen qué somos.





2 Comments
El mensaje de la película es muy bueno, lo que a mí me falló fue la forma de contarlo. No recuerdo bien qué es lo que no me gustó exactamente, pero la historia no me atrapó en ningún momento.
Ahora, un aplauso a la ambientación, el mensaje y el esfuerzo por hacer producciones “españolas” de este calibre.
Javi, no sabía que tenías un blog! Qué callado te lo tenías!
Un abrazo!
¡Hola Alex! La crítica decía que los personajes eran muy fríos, nada humanos… y la gente puede que fuera buscando más acción y no tanto una historia de personajes.
un abrazo!
A ver si empiezo a darle un poco de publicidad al blog, que es verdad que no lo sabe casi nadie