El domingo pasado me dediqué de manera improvisada una maratón sobre cine con monstruos. En total fueron sólo tres películas que os enumero a continuación:
La primera fue “Alicia en el País de las Maravillas” (“Alice in Wonderland” 2010), la última película de Tim Burton. Cuando pensamos en esta película nos vienen a la cabeza ideas sobre el famoso personaje de Lewis Carroll, la primera adaptación de dibujos animados de Disney o la expectación que ha levantado esta última película del director de “Eduardo Manostijeras“. Sin embargo, lo que nos encontramos es una historia de un mundo extraño llena de monstruos. La verdad es que la película me gustó al contrario que a la mayoría de mis amigos. También tenía un componente especial para mi, ya que era la primera película que veía en 3D (si, reconozco que no fui a ver “Avatar“).
La siguiente película fue “Pesadilla en Elm Street” (“A Nightmare on Elm Street” 1984) de Wes Craven. ¿Qué puedo decir de esta película que no se sepa? Pues un dato personal: era una película que todavía no había sido capaz de ver. Mi infancia estuvo muy influída por el personaje de Freddy Krueger. Más exactamente, por un hermano mayor que me aterrorizaba con las garras del monstruo y que decoraba su habitación con los carteles de todas las películas de la saga. No es que continuara dándome miedo el personaje, sino que terminé harto de él y tenía en mi lista de películas por ver muchas, muchísimas películas antes que la suya
Al final resultó que también me gustó bastante.
La última película también está muy unida a mi infancia. Se trata de “El jovencito Frankenstein” (“Young Frankenstein” 1974) de Mel Brooks. Siendo una película más conocida por cinéfilos que para el público en general, es una de las que más risas me ha producido siempre. El personaje de Igor es simplemente genial y la revisión de la famosa historia de Mary Shelley entrañable. Con el paso de los años creo que se ha revalorizado y que es más compleja de lo que a primera vista parece.
Son tres películas muy diferentes y conectadas por muy distintas razones a mi vida. Cada una pertenece a una década muy definida y realmente sólo la segunda es una película de terror. Sin embargo, también tienen en sus relatos con monstruos algunos puntos en común.
El lugar ajeno
En cada una de las tres películas hay un escenario muy concreto en el que transcurre la historia: el País de las Maravillas, las pesadillas de los jóvenes de Elm Street y el castillo de Frankenstein en Transilvania. El País de las Maravillas tiene completamenta la estética de Tim Burton. Una estética que hoy en día nos fascina pero que recrea lugares amenazadores, donde curiosamente las maravillas son las curvas siniestras, los elementos retorcidos, el caos, la luz mortecina o las brumas que nos sumergen en un mundo inhóspito en el que deseariamos no estar realmente. Las pesadillas donde aparece Freddy son aparentemente los lugares que frecuentan los adolescentes como su instituto, sus casas y principalmente la calle Elm Street. No obstante, se convierten en lugares también muy peligrosos porque de pronto lo desconocido se ha adueñado de ellos. La calle o sus propias camas son ahora trampas mortales. Y la principal trampa mortal a la que conectan muchas veces estos lugares a través de puertas escondidas son las calderas donde reside Freddy, el escenario donde quiere vengarse. Por último, el castillo del barón Frankenstein es el castillo en lo alto de la colina del que los habitantes de Transilvania tanto recelan. Alojados en ese lugar misterioso, visto en blanco y negro y con la estética de las antiguas películas de terror, los protagonistas descubren pasadizos, bibliotecas y laboratorios donde darán vida al famoso monstruo.
La música
No podía resistirme a hablar de las melodías de cada una de las películas por su importante influencia en la narración de la historia. La música de Danny Elfman es una característica más del País de las Maravillas. “Pesadilla en Elm Street” nos aterroriza cada vez que comienza y acaba una de las pesadillas donde aparece Freddy con una melodía escalofriante. El monstruo de Frankenstein tiene una relación muy especial con la música que sale de un violín que inaugura la visita por el viejo castillo.
Lo cómico
La parodia es la base de la película de Mel Brooks y descubrimos en ella los clichés y lugares comunes del cine primitivo de terror (los pasadizos secretos, los truenos, la noche, los aullidos de lobos…) pero ¿qué ocurre con las otras dos? Dejando a parte la gracia que nos puede producir una película de terror de los 80, el mismo personaje de Freddy es divertido a la hora de jugar a asustar a sus victimas mientras se esconde o araña el metal con sus garras. La película de Tim Burton es sumamente divertida pese al toque oscuro que la rodea. De hecho, cuanto más oscuro es el personaje o la situación, más divertido es, como ocurre con la Reina Roja (el personaje de Helena Bonham Carter). Sin duda, una de las mejores formas de enfrentarnos a lo que más miedo nos da es reirnos de ello.
El miedo
El miedo es una reacción ante lo desconocido o lo que puede pasar y es una de las claves del cine de terror y de nuestra psicología. Tanto la pequeña Alicia al comienzo de la película como los jóvenes de Elm Street tienen pesadillas, una de las palabras que mejor definen lo que nos da miedo. Algo que no podemos controlar y está en nuestro subconsciente. Alicia, pese a estar en ese mundo tan peligroso, a lo que de verdad teme es a enfrentarse a la bestia que tiene la Reina Roja, ya que se ve incapaz de derrotarle. La protagonista de Elm Street teme al desconocido que aparece en sus sueños y que está matando uno a uno a sus amigos. Los aldeanos de Transilvania temen a la criatura, representación de lo desconocido (muy relacionado con la muerte). Pero a lo que todos en realidad tienen miedo, es a conocer la verdad.
La verdad
La verdad es muchas veces el peor de los monstruos. La verdad que inquieta a Alicia es si es ella la verdadera Alicia que esperaban o no (que será el vehículo para reafirmar su personalidad y su voluntad en el mundo exterior de los adultos). La verdad que se esconde en Elm Street es el crimen de que quiere vengarse Fred Krueger y a la que deben enfrentarse sus habitantes (la madre alcóholica de Heather, la protagonista, que probablemente bebe para olvidar es una buena metáfora). Y la verdad que implica que Frederick Fronkonstin acepte ser en realidad un Frankenstein, aceptando de esta manera a su tío Victor y su pasado.
Son películas muy diferentes, pero creo que en el fondo hablan de distintos modos de la naturaleza humana y sus miedos interiores. Como en la película de Wes Craven, por mucho que nuestra madre nos insista en que durmamos un rato para encontrarnos mejor esto no servirá de nada… que les pregunten si no a los pobres adolescentes. En ningún lado, ni siquiera en nuestros sueños, estamos a salvo de lo que nos aterroriza si ese terror está en nuestro interior. La única solución es pues enfrentarnos a ello.
Espero que os haya gustado el primer post en Javi Canalda.com sobre cine. Yo al menos me he divertido mucho escribiendo y espero volver a repetir muy pronto. Aquí va una de las mejores escenas de “El jovencito Frankenstein” para echarse unas risas.




