En Cómo funciona la mente de Steven Pinker he leído hace poco esta definición de inteligencia:
La inteligencia, por tanto, es aquella capacidad de alcanzar metas superando obstáculos mediante decisiónes que se basan en reglas racionales (es decir, que obedecen a la verdad)
Esta definición nos explica cómo nos comportamos como seres inteligentes cuando ante un objetivo somos capaces de tomar varios caminos para llegar a él (y no nos convertimos en el mosquito que se golpea contra el cristal de la ventana una y otra vez para salir al ansiado exterior). Como usuarios de Internet (y por supuesto, como personas) somos claramente inteligentes, a pesar de que muchos diseñadores y desarrolladores mantengan en su cabeza todavía la idea del usuario “tonto”. Dejando a un lado esas falsas impresiones, veamos qué trascendencia tiene esta idea de usuario inteligente que persigue un objetivo.
Con la palabra objetivo no me refiero a, por ejemplo, los fines trascendentales que darán sentido a nuestra vida. Se trata de algo mucho más llano: nuestros deseos. Lo que deseamos en cada momento se convierte en un pequeño o gran objetivo. Si, es cierto, en ocasiones tenemos grandes deseos que amoldan durante años y años nuestras vidas. Y las decisiones que tomamos no son siempre complicadas conjeturas y estadísticas enrevesadas. Al revés, normalmente decidimos actuar de un modo determinado cuando tenemos la creencia de que así es como cumpliremos nuestros deseos. Pensemos cuántas veces hemos actuado de la manera aparentemente menos “racional” cuando hemos estado seguros de que así tendríamos éxito.
¿Por qué hablo de inteligencia, deseos y creencias? Porque al hablar de diseño centrado en el usuario (DCU) tenemos que tener la perspectiva no sólo de alejarnos de la tecnología que intervendrá más tarde en nuestro diseño sino también de que las personas para las que diseñamos buscarán y navegarán en nuestro proyecto movidas por el fuerte o débil deseo de conseguir algo y la creencia de estar en el camino correcto. Desde esta perspectiva es mucho más apasionante y efectivo plantarnos ante una hoja de papel para comenzar a diseñar.




